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La última generación

Updated: Nov 5, 2018

Por: Ana E. Ríos López


Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Lucas 21:25,26


Hay una insistencia del Espíritu Santo para que podamos discernir los días que vivimos, ya que son días de preparación espiritual donde se nos está haciendo una provisión extra del Espíritu para que llenemos nuestras lámparas porque viene una hora oscura cuando nadie podrá obrar. Hay un letargo espiritual, una falta de sobriedad y angustia de las gentes. El profeta Isaías lo describe de una mejor manera: Pero también estos erraron con sidra, fueron trastornados por el vino; se aturdieron con la sidra, erraron en la visión tropezaron en el juicio. 8Porque toda mesa esta llena de vómito y suciedad, hasta no haber lugar limpio. Isaías 28:7,8.


Hay una expectación de que algo va a suceder. El mundo se siente como en un péndulo. Impera un caos de información que atropella invadiendo los aspectos más recónditos de la existencia humana. Se hace difícil al cerebro procesar esta ola informativa que invade desde todos los ángulos la vida del ser humano. La tierra está de parto. Vuelve el profeta Isaías a describirnos su visión: Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno. 6 Por esta causa la maldición consumió la tierra, y sus moradores fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de la tierra, y disminuyeron los hombres. Isaías 24:5,6.


Las condiciones que imperaron durante los días de Noé caracterizan a esta generación como la generación del último tiempo que nos habló Jesús. ¿Qué hizo que aquella generación quedara fuera del algún acto redentor? Un continuo desafío a las leyes del Creador. Un quebrantamiento del pacto sempiterno al envolverse en actos contra la naturaleza. Actos que irritaron al Santo de Israel e hicieron que Él escondiera su rostro de ellos. Como expresó el salmista: Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. 5 Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira. Salmos 2:2-5


Aquella generación renunció a su fe pasando de esta manera el tamo por sus narices. 17 Y me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado de maldad la tierra, se volvieron a mí para irritarme; he aquí que aplican el ramo a sus narices. 18 Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré. (Ezequiel 8:17, 18)


Jesús hizo la misma advertencia a la generación que repetiría los días de Noé, es a saber esta generación. 8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? Lucas 18:8. ¿Qué ha llevado a esta última generación a la declive de su fe? ¿Qué ha llevado al pueblo de Dios a abandonar lo que una vez vivió y predicó? ¿Qué ha llevado a la nación que una vez profesó el nombre de Dios a borrar su nombre de los libros y de la casa de leyes? Un continuo énfasis en lo humano, y esta proyección de lo humano ha ido debilitando “la fe que vence al mundo”. Y al debilitarse esta fe que vence al mundo, el mundo se ha metido dentro de la iglesia. La iglesia, que es centinela, que es conciencia de los gobiernos, que es la sal de la tierra ha perdido su sabor y las sociedades han sucumbido a la anarquía y el caos.


La ausencia de la fe que vence al mundo es un peligro porque deja un espacio vacío que de alguna manera ha de ser llenado. En el ser humano no pueden haber espacios vacíos. Una fe tiende a ser suplantada por otra fe. ¿Qué ha estado llenando el vacío que ha dejado la fogosa fe que una vez constituyó la vida de la iglesia? ¿Aquella fe donde Cristo era el todo? La religiosidad humanista ha estado suplantando la fe Cristo-céntrica. ¿Qué compone la fe humanista?


Herodes quiso ver un despliegue de la grandiosidad humana de Jesús y Jesús se negó. Al joven rico le dijo, “¿Por qué me llamas bueno? Sólo hay uno bueno y es Dios”. (Mateo 19:16) O sea, que lo único de valor es lo que proviene de Dios y lo único que sirve es lo que proviene del Espíritu. El apóstol Pablo dijo que había renunciado a todo a fin de tener a Cristo. Todo lo tuvo por estiércol. Mientras esta fe prevaleció dentro del cristianismo, el cristianismo prevaleció contra el mundo. Se operó una regeneración que es la nos lleva a la salvación de nuestras almas. La nueva fe exalta lo humano y nutre las pasiones y deseos de una generación hedonista y narcisista. Una generación que rinde culto a sí misma. Que exhibe sus “selfies” en Facebook, Snapshat e Instagram. Esta generación vive adorándose a sí misma. Este pecado alcanzará a esta generación. Estas páginas que nunca pueden ser borradas se convertirán en los jueces de la generación que vivió rindiendo culto a las imágenes.


¡Ojalá que podamos despertar del letargo espiritual! ¡Compremos el colirio del Espíritu para nuestros ojos para poder escapar de la hora que se avecina! No hay que saber mucha escatología, ni profundizar demasiado en el texto bíblico para poder discernir que los días que vivimos son los días de la venida del Hijo del Hombre. Ya el reloj está dando sus campanazos finales anunciando que la manecilla señala el término medio para dar la bienvenida a un nuevo amanecer.


Para algunos el mensaje de la venida de Cristo es un mensaje extraño. Sin embargo los últimos cuatro “aleluyas”, la oda de la alabanza, aparecen en los últimos siete años de la historia humana, en un acto de juicio. (Apocalipsis 19:1-9). ¿Qué sucede con esta generación? ¿No ama la venida del Maestro? A la familia de Lot se le insensibilizaron los sentidos. Se aclimataron al ambiente de Sodoma y Gomorra al nivel que rehusaron salir de aquel lugar aun siendo advertidos por los ángeles de un juicio inminente. La inmoralidad llegó a ser considerada algo normal. No sentían repugnancia por la homosexualidad y el incesto. Tan embotados estaban los sentidos de las hijas de Lot que no tuvieron escrúpulos en sostener relaciones sexuales con su padre. ¡Así está esta generación! No se llora por el pecado. Vemos el pecado en la casa de Dios y no nos causa indignación. Lo vemos como algo natural. Esta actitud llevará a esta generación a hacer afrenta al Espíritu de gracia e invalidar el sacrificio de Cristo. Y si se invalida el sacrificio de Cristo no hay más remisión por el pecado. (Hebreos 10:28-31)


El sentimiento morboso de apego a este siglo maligno y esta ansia de reconocimientos donde se exalta lo humano es una enfermedad del alma. No separa de Dios. ¿Cómo se detectan estos virus? Cuando se despierta en nosotros ese sentido de ansias de reconocimiento. Satán conoce nuestras debilidades y sabe que la carne apetece gloria, honores y reconocimientos. Satán nos tienta por este lado y envía sus satélites de disuasión. El incauto creyente comienza entonces una peregrinación hacia “neverland”. ¿Sabe lo que es “neverland”? Una utopía. Lo que nunca ha existido. Lo que no es real. Cuando el ángel habla a Daniel concerniente a los tiempos del fin le indica dos características claves del fin: “muchos correrán de aquí para allá y la ciencia se aumentará.” (Daniel 12:4).


La primera característica habla de una inestabilidad no común. La gente viviría en un estado de insatisfacción. Insatisfacción de los hijos, insatisfacción de los esposos y esposas, insatisfacción con la iglesia, en fin insatisfechos de Dios. Y esta insatisfacción los convierte en deambulantes espirituales. ¿Por qué son deambulantes espirituales? Porque su atención está fijada en ellos mismos. Son como dijo el apóstol Pablo al joven Pastor Timoteo: “amadores de sí mismos”. No saben tolerar al hermano, no pueden tolerar a la esposa, no pueden tolerar al Pastor. Y si le pisan el dedo pequeño del pie, vociferan contra el cielo. La última generación se va a caracterizar por una falta de negación a sí misma porque va a vivir para sus deleites egoístas.


Un auto examen sencillo nos llevará a detectar este virus en nuestras vidas. ¿Has separado alguna vez en tu vida un día completo en oración y ayuno por la necesidad de alguien que no es familiar cercano? ¿Por algún hermano de la iglesia que está pasando por una prueba? Si no lo has hecho, vives para ti. En el reino de Cristo, si no aprendes a negarte a ti mismo y no has lavado los pies de tu hermano, no eres su discípulo. Lo contrario a esto es el espíritu humanista. Este espíritu mató a la iglesia d Sardis. Tenía nombre de que vivía pero estaba muerta. Sardis vivió para sí misma. Sardis nunca lavó los pies de los hermanos. Lo único que tenía era ruido. El comunismo luchó por sacar a Dios de su trono, y viene el humanismo y está intentando sentar al hombre en su lugar. La adoración de hoy es un despliegue de debilidades humanas, en lugar de resaltar el poder de Cristo. Un montaje espectacular de humos y luces de neón donde la figura humana intenta opacar la gloria de Cristo.


Estos montajes mueven grandes sumas de dinero, porque la soberbia y la avaricia van tomadas de la mano. Allí se proyecta el yo con todos sus tonos multicolores. Una gama de pasiones quemadas en los hornos del espectáculo, y sentimientos que son niquelados para formar un arcoíris de grandiosidad humana. Los griegos lo llamaban “apoteosis”, que no es otra cosa que la divinización de lo humano. Todo esto sirve como un prototipo de otra gran aparición: la aparición de lo que los alemanes llamaron el “ubersmech”, el hombre perfecto que satisface todas las expectativas humanistas. La Biblia lo llama el hombre de pecado, el anticristo.

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